¡Abajo la paridad! ¡¡Queremos igualdad de oportunidades!! Yo no quiero ningún trabajo por ser mujer, lo quiero por ser la mejor para el puesto. No quiero que me represente alguien por cumplir con la cuota, quiero que me represente a quien vaya a representarme lo mejor posible. Luego pasa lo que pasa, se crean carteras de primera y segunda categoría, se aguanta a incompetentes solo por no quemarse demasiado pronto, se prometen cosas que no se pueden cumplir sin cambiar la ley.
Y por encima de todo, se nos discrimina por haber nacido hombre o mujer con la disculpa de que hay que reparar injusticias. Para injusticia la que van a hacer, que dará lugar a suspicacias varias sobre las mujeres que alcancen un puesto en una organización con paridad obligatoria, o sobre los hombres que entren en determinadas profesiones en que las mujeres se están llevando el gato al agua vía méritos propios (repetid conmigo, médicos y jueces o juezas, que ya hasta nos cambian el idioma aduciendo razones extrañas).
Entre esos cambios idiomáticos, el de las ingenieras técnicas. Es decir, que si yo digo que soy técnica, alguien puede hacerme la gracia de preguntarme si técnica fotográfica, técnica de escritura, etc y lo podrá hacer refiriéndose a ¡¡un procedimiento en vez de a una persona!! Tiene guasa. Se queja una mujer de que pone ingeniero en su título (¿habrán cambiado también a médica?) y cambian la legislación sin consultarnos a las demás. Me quejo yo de este cambio, y me llaman machista. ¡Ele salero!
Claro que yo soy también de las que se quejan de los dobles raseros en mínimos para según qué oposiciones. Pero claro, esos son los mismos que defienden la paridad. Pues no. Los mínimos de un puesto deben ser en función del puesto, no del sexo, color de ojos, u otra gilipollez del estilo. ¿Que luego quieren tener un baremo de puntuación diferente para cada provincia (o comunidad autónoma, total), sexo, religión o lo que sea? ¡Adelante! Pero el mínimo va intrínseco en las funciones del puesto.
miércoles 20 de octubre de 2004
El Gobierno prepara una reforma electoral que incluya los debates y la paridad de listas
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