Incredulidad es lo que he sentido al leer un artícula de consumaseguridad.com sobre el uso de antibióticos en granjas de animales. Lo triste es que la incredulidad no es por los resultados de los estudios, que es algo que se sabe desde hace años, sino precisamente porque alguien haya pensado, a pesar de toda la evidencia en contra, lo contrario.
Es decir, que el efecto de los antibióticos en los pollos es el mismo que en personas y en vacas y cerdos, producen resistencia a microorganismos patógenos que mas tarde o mas temprano se transmiten a las cepas de esos mismos microorganismos que atacan al hombre. Este es el motivo por el que se prohibió su uso en la UE en el 2003 (prohibición que comienza a regir en el 2006, y que es para todos los antibióticos, no solo para los de uso en humanos como anteriormente).
Y este es también el motivo por el que el reglamento 1831/2003 de la UE sólo autoriza aditivos:
- * que influyen favorablemente en las características de los alimentos a los que se añade o en la producción de los animales;
* que no tienen un efecto adverso para la sanidad animal, la salud humana o el medio ambiente;
* que la presentación del aditivo o la alteración de las características de los productos a los que se añade no perjudica ni induce a error al consumidor.
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